9 Conceptos erróneos sobre mindfulness

La atención plena es una práctica sencilla pero poderosa que puede ofrecer muchos beneficios. Su popularidad ha dado lugar a una explosión de información a través de aplicaciones, podcasts y blogs en los últimos 20 años.

Parte de esta información ha dado lugar a conceptos erróneos sobre la atención plena y lo que significa practicarla. Estos conceptos erróneos a menudo pueden actuar como obstáculos para la práctica, dando lugar a sentimientos de fracaso y, a veces incluso haciendo que la gente deje de practicar por completo.

Teniendo esto en cuenta, hemos destacado algunos de los conceptos erróneos más comunes. ¿Alguno de ellos frena tu práctica de mindfulness?

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1: Mindfulness consiste en vaciar la mente

El objetivo de la atención plena no es deshacerse de los pensamientos, y para obtener los beneficios de la atención plena no necesitamos que esto ocurra. Si alguna vez has intentado “vaciar tu mente de pensamientos”, te habrás dado cuenta de que es prácticamente imposible.

Si pensamos que vaciar la mente es el objetivo, es posible que nos frustremos rápidamente en la práctica y queramos abandonarla.

Más bien, la intención es centrar nuestra atención en algo en el presente (por ejemplo, la respiración), y cuando surjan los pensamientos ver si podemos seguir trayendo nuestra atención de vuelta, con amabilidad. 

2: La atención plena sólo se cultiva a través de la meditación

Un concepto erróneo de la atención plena es que se trata de meditar y nada más. 

Aunque practicar la meditación mindfulness de manera formal es importante, también podemos practicarla de manera informal, incorporándola a nuestras actividades cotidianas.

¿Podemos estar presentes en la naturaleza cuando damos un paseo?

¿Podemos escuchar atentamente a alguien que habla, en lugar de pensar en cómo podríamos responder?

La esencia de esta práctica informal es si podemos estar plenamente presentes en lo que estamos haciendo.

3: Mindfulness es lo mismo que relajación

A menudo existe la percepción de que cuando practicamos mindfulness debemos sentirnos relajados.

La realidad es que durante la meditación a veces nos sentimos relajados, pero a menudo también experimentamos frustración, aburrimiento, inquietud y toda la gama de emociones humanas. Esto no significa que la práctica vaya “mal”. Forma parte del proceso.

El mindfulness aporta más beneficios a largo plazo que la sensación de relajación. Al observar nuestras experiencias y permitir que sean como son, podemos cultivar una sensación de satisfacción y liberarnos de patrones de pensamiento habituales. Esto puede ayudarnos a liberarnos de bucles de estrés, depresión y ansiedad.

4: La atención plena es una solución rápida

Mindfulness es un enfoque a largo plazo que nos ayuda a hacer frente a la preocupación, el estrés y la ansiedad. No es una solución rápida. Los factores estresantes, por desgracia, forman parte del ser humano. Siempre estarán ahí, de una forma u otra, grandes o pequeños. 

La atención plena puede ayudarnos a responder al estrés con más eficacia, a sentirnos menos abrumados y a desarrollar resiliencia para cuando sea necesario. Con el tiempo, podemos darnos cuenta de que nos ayuda a afrontar cualquier cosa que nos depare la vida, ¡sin adelantarnos a lo que pueda ocurrir! 

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5: Hay que sentarse para practicar la atención plena

No es necesario sentarse en el suelo para practicar la atención plena. De hecho, no tienes que hacer nada. Es tu práctica. 

La meditación puede hacerse en cualquier postura. Normalmente se recomienda estar sentado, de pie, tumbado o caminando, pero probablemente queramos evitar estar tumbados en la cama, ¡ya que esto suele provocar sueño!

Lo más importante es encontrar un equilibrio entre la comodidad y el estado de alerta, y lo que funciona para tu cuerpo.

Si no estás seguro de por dónde empezar, te recomendamos que empieces sentándote en una silla con los pies en el suelo y utilizando un cojín o una esterilla de yoga enrollada para apoyar la espalda.

 6: La atención plena tiene un objetivo

Si hay un objetivo en el mindfulness, quizá no sea tener objetivos, sino simplemente dejar que las cosas se desarrollen.

Dicho esto, todos llegamos a la práctica de mindfulness con la esperanza de obtener algunos beneficios. Podemos intentar mantenerlos a la ligera en lugar de convertirlos en el centro de atención. A menudo nos damos cuenta de que cuanto más intentamos llegar a algún sitio, más nos alejamos de él.

7: Podemos tener una práctica “buena” o “mala 

Puede que un día la atención plena nos resulte natural, y que al día siguiente nos cueste más. Puede ser exactamente la misma práctica, con un resultado diferente cada vez. El efecto de cada práctica también puede variar enormemente de una persona a otra. 

Si has tenido una mañana difícil (no ha sonado el despertador, se te ha caído el café, etc.), puede que te resulte difícil tranquilizarte. Otro día, puede que te resulte más fácil.

Igual que cambia la estación, también cambia nuestra meditación. Si una práctica nos parece sencilla o difícil, no significa que sea “buena” o “mala”, simplemente es como es.

Es reconfortante comprobar que a menudo podemos aprender más de nuestra práctica cuando nos enfrentamos a retos, abordándolos con curiosidad y autocompasión.

8: Mindfulness es una religión

Mindfulness no es una religión. Puede practicarse en casi cualquier lugar y por casi cualquier persona. 

La meditación y la atención plena se practican desde hace miles de años como parte de algunas religiones, como el budismo, el hinduismo, el estoicismo y el taoísmo.

Además, muchas religiones incluyen aspectos de la atención plena, como la paciencia, el no juzgar, la compasión y la generosidad. Se trata de valores humanos, no religiosos. 

Esto significa que, tengas o no una religión, puedes practicarlo.

9: La atención plena es fácil 

A primera vista puede parecer fácil, pero la atención plena es un trabajo en curso incluso para los más comprometidos. 

Tras décadas de práctica, puede que aún haya días difíciles. Y no siempre llegarán cuando los esperamos. 

De hecho, en un mundo en el que nuestra atención se desplaza de una cosa a otra, el simple hecho de estar presente puede resultar complicado, pero con el tiempo resulta más fácil. Como ocurre con muchas otras cosas, se necesita práctica y aceptar que no hay un “hazlo perfecto” en la atención plena.  

No es infrecuente que la gente espere sentirse tranquila después de una sola meditación, descartándola como “no para ellos” si no es así. Aunque es cierto que no es para todo el mundo, podemos hacernos un flaco favor a nosotros mismos si no la exploramos más a fondo. 

Para sentir realmente los beneficios de la atención plena, se recomienda una práctica constante durante un periodo de tiempo prolongado. No tiene por qué ser una hora al día; cinco minutos de práctica diaria pueden ser mucho más útiles. Es un poco como entrenarse para una maratón: se puede hacer poco a poco.

Si la práctica te resulta realmente difícil, puedes actuar y pedir ayuda, no tienes por qué hacerlo solo. Nuestra bandeja de entrada está siempre abierta, o puedes apuntarte a una clase, un curso o una sesión para recibir más orientación y apoyo.

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